¿Será el aire? La nostalgia me da alas. Veo el cielo, siento la brisa golpeando mi pico, como torturándolo con partículas de seda. Hay fuego fresco adentro. ¿Lo saco? ¿Lo exploto con un viaje de un árbol a una palmera, de una rancho a un cabaña en las montañas? Esta aventura que palpita necesita volar, conocer, y explorar lugares nuevos. Debo profundizar. Adentrarme, ceder, calentarme, dormir, y, al momento de sentirme cómodo, salir hacia otro lugar desconocido.
Somos el espectáculo de nuestros sueños, los rebeldes de la gravedad, sí, rebeldes, que siguen, que no se quieren dejar vencer por un centro de masa, por una convención científica. Porque esto que siento no es una fórmula química, ni una teoría de un cabrón estudiándome en el Discovery Channel. No me conocen, hasta que sí.
Y sigue. La nostalgia sigue haciéndome cosquillas y que, al mismo tiempo, me abre más mis ojos y vea: ranas en un mismo estanque, perros coloreando sus pulgas con saliva, gatos robando la virginidad de otro gato, luces que parpadean en la noche, mitad de cruces, mitad de Jesuses con cigarros en la boca, mitad de sombras de adolescentes corriendo de un vigilante, sopa de lombrices mmmmmm, quiero más. Ya.
Y ahora me siento más feliz que ayer, convencido de que puedo morir en este momento o mañana, o mientras duermo. Qué bueno saberlo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario