Festivales de música. La opción para olvidar que una vez tuviste
una vida ordinaria. Lugar donde se juntan diferente mares de mujeres en shorts,
hombres con camisa, hombres con pintura en sus pechos peludos (ewww), mujeres
en bikini y con bandanas de florecitas (oí decir a uno humano que eso es más
hipster que el logo de Pitchfork),
fanáticos de la música que prefieren esperar en el sol y hablar con
otros fanáticos sobre qué canción quieren escuchar en el set, que ir a al toldo
de alguna marca que solo busca comerse billetes, bandas que tocan bien, mal,
con hueva y otras que dan dos vidas por
que un acorde o un coro reviente hasta las alas de los pájaros al volar (debo
admitir que esto último le pasó a un amigo y, pues, por lo menos puedo decir
que murió oyendo a su banda favorita: Interpol). Entre el vómito, los vasos de
plásticos tirados en el campo, y los residuos de drogas esparcidos en el aire,
siempre reflexioné sobre por qué los humanos aman tanto esto.
¿Por qué deciden juntarse en un espacio
reducido, lleno de sudor, malos olores y se prestan a soportar golpes
inadvertidos de toda la mara? ¿Por qué deciden aguantar 3 horas de sol por 1
hora de música? ¿Por qué prefieren chupar en vez de hidratarse? ¿Por qué las
mujeres abren sus brazos y hace como que quieren volar mientras escuchan a un
cabrón poner vinilos? ¿Será que todo esto es un plan para hacer olvidar a los
humanos de los problemas como la sobre población, contaminación, tercer mundo,
niños en áfrica, niños en tercer mundo, el crimen organizado, etc.? O ¿Todas
las bandas tocan un acorde para hipnotizar a todo los humanos para que brinquen
sin sentido?
Entiéndanme. Soy una paloma, mi pequeño
cerebro lleno de semillas y, tal vez, gusanos. No sé.
Lo que sí sé es esta historia sobre un
cabrón que fue a uno de estos festivales.
La primera vez que lo vi fue en las
afueras de Coachella. Ah, sí, se me olvidaba, fui religiosamente seguidor de
este festival, más que todo era por la cantidad de basura que dejaban los americanos. Traté ir
Glastonbury, en serio, traté, pero varios colegas palomas murieron de cansancio durante su vuelo transatlántico y
probablemente cayeron muertos del cansancio al océano. Bueno, bueno, ok,
suficiente de mi perorata sobre palomas muertas. Regresemos.
Lo vi por primera vez en Coachella.
Estaba solo, cargaba un maletín en sus hombros y no hablaba con nadie. Hasta
ahí. No crean que fue algo especial en él, fue porque mi cagada cayó sobre su
hombro y no pude dejar de ver cómo el pobre se limpiaba. Me cagué de la risa,
literal.
Cagada fue no haber seguido a alguien así
años anteriores.
Este cabrón ( el que tenía la cagada ya
hecha una obra de arte abstracto en el MoMA) se iba a la primera fila de cada
escenario, gritaba las canciones, sudaba, le daba la mano a otros fanáticos, se
iba a la carpa techno a bailar con hippies y gays de short y calcetines largos,
con pitos en sus labios (entiéndase que cuando digo pitos no me refiero al órgano reproductor
masculino) y a él no le importaba. Abrazaba la diversidad, abrazaba la
capacidad de vivir un acto único que juntaba a un mundo que solo quería oír
música y bailar.
Y, mientras los veía cantar, imaginé sus
problemas: solitario, mal amigo, siempre con falta de dinero, impotencia sexual
incipiente, enfermo de cáncer o, en su defecto, SIDA, etc. Por más que
imaginaba sus problemas, entendí que no importaba que si estos festivales son
una manera para manipular a las masas y hacerlas olvidar, o que si es toda una
estrategia de marketing y las bandas son elegidas según un software que mide
los gustos musicales de la mara en Spotify todas esas mierdas que se me
ocurrieron gracias a años de estar merodeando las basura y picoteando a bichas
desmayadas en la grama. No importaba nada.
Quería limpiar mi cagad de su hombro a
picotazos al tipo ese. Quería cantar con él Litzomania. Pero no podía, por
que, lamentablemente, mi canto suena a viejitos vomitando.
Comparen:
Yo
(Lamentablemente no encontré sonidos de palomas para esta publicación y, para hacer las cosas mejor, no quise lastimar los oídos de ustedes, mis queridos lectores humanos)
En fin. Ese fue mi último festival de
música. Mi última cagada de arte abstracto sobre alguien. Invito a cualquier ser humano o paloma que no ha hecho esto a vivirlo.
Porque tienen que. Porque tienen que despertar esas emociones que no saben que
tienen adentro. Porque, como dijo una amiga bloguera, tienen que sentir música en el silencio. O
algo así.
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| Quiero volar y cagar encima de un douchebag (preferiblemente) |




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